Utilizar una financiación para acceder a una oportunidad capaz de mejorar nuestra situación futura, realmente es una inversión.

Durante años hemos aprendido a asociar la palabra deuda con algo negativo. Y es por eso que en Bcas hemos querido tocar este tema y aprovechar en dar un poco de luz en cuanto a lo que una financiación o préstamo (bajo nuestro criterio) realmente se refiere.
“Mejor no deberle nada a nadie”.
“Si no puedes pagarlo ahora, no te endeudes”.
“Pedir un préstamo es meterse en un problema”.
Y, en muchos casos, puede ser un consejo perfectamente razonable.. pero hay una diferencia importante entre endeudarse para consumir algo que hoy no podemos permitirnos y utilizar financiación para acceder a una oportunidad capaz de mejorar nuestra situación futura.
Porque un préstamo no es un fin. Es una herramienta. Y como cualquier herramienta, el resultado depende de para qué y cómo se utilice.
Pensemos en alguien que quiere hacer una FP, un máster o una formación especializada de 5.000 euros. Puede que tenga capacidad para asumir ese coste durante los próximos meses, pero no disponga hoy de 5.000 euros en su cuenta.
Sin financiación, tiene dos opciones: esperar hasta ahorrar el dinero o renunciar a la formación. Con financiación aparece una tercera: empezar ahora y distribuir el coste en el tiempo.
Eso no convierte automáticamente el préstamo en una buena decisión. Hay que ver la formación, si tiene sentido, si las condiciones de financiación son asumibles hoy y si las expectativas profesionales son razonables. No tiene demasiado sentido concluir que una financiación es una mala decisión simplemente porque existe una deuda.
La OCDE volvió a medirlo en Education at a Glance 2025. En España, los trabajadores con educación terciaria ganan de media un 49% más que quienes tienen como máximo educación secundaria superior. También existen diferencias de empleabilidad. Entre los jóvenes españoles de 25 a 34 años, la tasa de desempleo se sitúa en el 9,3% entre quienes tienen educación terciaria, frente al 13,7% de quienes cuentan con educación secundaria superior o postsecundaria no terciaria.
A nivel OCDE, la diferencia salarial media alcanza el 54%. Esto no significa que cualquier curso garantice un salario mayor. Ni que haya que financiar cualquier formación. Significa algo más sencillo: invertir en capital humano puede generar un retorno económico real.
Y si una persona no dispone del dinero necesario hoy para realizar esa inversión, la financiación puede ser precisamente lo que haga posible acceder a ella.
El mercado laboral tampoco se está quedando quieto. El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum estima que aproximadamente el 39% de las habilidades actuales de los trabajadores cambiarán o quedarán obsoletas entre 2025 y 2030.
Si imagináramos la fuerza laboral mundial como 100 personas, 59 necesitarían algún tipo de formación antes de 2030. Esto cambia también la forma de entender la educación.
Formarse ya no es necesariamente algo que hacemos una vez al principio de nuestra carrera profesional. Cada vez más personas trabajan y estudian al mismo tiempo, se especializan, cambian de sector o necesitan adquirir nuevas competencias varias veces a lo largo de su vida. Y no todas pueden (ni necesariamente necesitan) pagar el coste completo de cada formación por adelantado.
En 2026, el Fondo Europeo de Inversiones, dentro del Grupo Banco Europeo de Inversiones, firmó con Bcas un acuerdo de garantía respaldado por InvestEU.
El acuerdo permitirá movilizar hasta 72 millones de euros de financiación para más de 14.000 estudiantes europeos, destinados a másteres, Formación Profesional, bootcamps y programas ejecutivos.
Y no es una iniciativa aislada.
Ese mismo año, el FEI anunció otro programa europeo de financiación educativa de hasta 55 millones de euros destinado a más de 4.000 estudiantes, precisamente con el objetivo de facilitar que pudieran comenzar sus estudios sin afrontar todo el coste de la matrícula por adelantado.
La lógica detrás de estas iniciativas es bastante sencilla: la falta de liquidez hoy no debería determinar necesariamente las oportunidades profesionales de mañana.
Quizá deberíamos dejar de preguntarnos simplemente si tener una deuda es bueno o malo. Y empezar a hacernos preguntas mejores:
Porque no todas las deudas son iguales.
Un crédito caro, poco transparente o imposible de asumir puede convertirse rápidamente en un problema. Pero una financiación responsable, destinada a una inversión que mejora nuestras oportunidades y con unas condiciones adaptadas a nuestra capacidad de pago, puede hacer exactamente lo contrario: abrir una puerta que de otra forma permanecería cerrada.
En Bcas creemos que ese es precisamente el papel que debería tener la financiación educativa; no convencer a alguien de que estudie algo que no necesita, sino evitar que alguien que sí quiere y puede hacerlo tenga que decir que no únicamente porque no dispone de todo el dinero hoy.